El poder del chocolate
Para los aztecas el chocolate era una fuente de sabiduría espiritual, energía corporal y potencia sexual. Era muy apreciado como producto afrodisíaco y era una de las bebidas favoritas en las ceremonias nupciales. Se dice que Moctezuma consumía más de cincuenta jarras de chocolate al día, y siempre se tomaba una para estar a punto antes de visitar su harén. Aunque se bebiera diariamente, el chocolate se consideraba como un lujo exótico destinado primariamente al consumo de los reyes, los nobles y las capas más altas del clero. Debido a sus famosas propiedades energéticas, también se administraba chocolate a los guerreros aztecas para fortalecerlos durante las campañas militares. El chocolate era prensado en forma de tabletas y pastillas de un tamaño apropiado para facilitar su transporte. Probablemente a modo de incentivo, se promulgó una ley por la cual, a menos que un guerrero tuviese que ir a la guerra, le estaba prohibido beber chocolate y consumir otros manjares de lujo, así como vestir prendas de algodón y adornarse con flores y plumas -y la ley era aplicable asimismo a los príncipes y a los nobles. Los colonos españoles, por su parte, también se encapricharon con la mística del chocolate. Una vez que se hubieron acostumbrado a la rareza de aquella bebeida, se aficionaron a ella con entusiasmo. El jesuita José de Acosta escribió al respecto: "Los españoles, tanto hombres como mujeres, que han hecho suyas las costumbres de estas tierras, consumen con glotonería ese chocolate. Afirman producir diversas variantes del mismo, tanto frías como calientes, y lo aderezan con grandes cantidades de especias picantes". Cada vez más consciente de su valor como reconstituyente, Cortés convenció al rey Carlos I de España del enorme potencial que tenía este sano alimento procedente del Nuevo Mundo: "...la divina bebida que aumenta la resistencia y combate la fatiga. Una copa de este precioso líquido hace que un hombre pueda andar una jornada completa sin tomar ningún otro alimento".
Thomas Gage también tenía en gran estima al chocolate en este sentido. Y escribió: "Dos o tres horas después de una buena comida a base de cordero, ternera, buey, cabrito, pavo y otras aves de corral, nuestros estómagos estaban a punto de desfallecer y así, nos veíamos forzados a reanimarlos con una buena taza de chocolate".
Derechos, rituales y ceremonias
Los escritos de los exploradores del Nuevo Mundo nos permiten hacernos una idea de los extraños y en ocasiones bárbaros rituales y ceremonias relacionados con las semillas del cacao y el consumo del chocolate líquido. Se celebraban rituales religiosos en diferentes fases del proceso de su cultivo. Los mayas celebraban una fiesta de la siembra en honor de sus dioses donde sacrificaban a un perro al que habían pintado una mancha de color cacao sobre su piel. Otra práctica habitual obligaba a los plantadores a mantenerse célibes durante trece noches. Al llegar la catorceava noche, podían yacer con sus esposas y luego proceder a la siembra del cacao. Otra ceremonia consistía en colocar las semillas en unos pequeños cuencos antes de efectuar unos rituales secretos en presencia de un ídolo. Luego se extraía sangre de diferentes partes del cuerpo de una víctima humana para ungir al ídolo. Otra práctica era regar la tierra que
tenía que ser sembrada "con la sangre del sacrificio de unas aves". Abundaban relatos de danzas frenéticas, rituales orgiásticos y sacrificios sangrientos. El historiador y explorador italiano del siglo XVI Girolamo Benzoni, cuenta que durante estos festivales "se pasaban un día y una noche bailando, sin tomar más alimento que cacao".
Otra leyenda nos habla de cómo el premio de una especie de juego de pelota era ofrecer a los dioses al vencedor como sacrificio, que era alimentado con enormes cantidades de chocolate antes de ser sacrificado para "impregnar su sangre de chocolate" antes de arrancarle el corazón y ofrecérselo a los dioses.
Los aztecas se adornaban la cara con chocolate en sus ceremonias religiosas. Los primeros plantadores españoles ejecutaban ritos secretos para garantizar el buen éxito de las cosechas y celebraban ceremonias antes de la siembra. Desde los primeros días de su cultivo, el chocolate ha sido considerado como una sustancia poderosa, un regalo de los dioses a los hombres, una fuente de vitalidad.