Chocolate

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El chocolate y la mente

 

El tema de si el chocolate es o no una sustancia adictiva siempre suscita acaloradas discusiones. Determinados historiadores sociales relatan incluso casos de adicción al chocolate y los relacionan con delitos cometidos con el objetivo de satisfacer una creciente necesidad en su consumo. En 1991, el experto dietista francés Michel Montignac da este consejo en su libro Comer sin engordar "Hay que limitar el consumo del chocolate, pues tiene una naturaleza adictiva. Una buena forma de controlar la "chocoadiccción" es beber un gran vaso de agua". Linda Henly, escritora norteamericana contemporánea, recomienda positivamente que las personas propensas a las adicciones consuman chocolate para satisfacer sus necesidades, afirmando que sus ventajas superan con creces a las de otras sustancias. "El chocolate no te convierte en una persona estúpida y torpe, en alguien incapaz de manejar maquinaria pesada.. No tienes que hacer contrabando de chocolate cruzando fronteras. La posesión, incluso la posesión con afán de lucro, es algo perfectamente legal". Algunos expertos médicos opinan que la teobromina y la cafeína contenidas en el chocolate son la causa de sus supuestas propiedades adictivas, pero también lo podría ser la feniletilamina que es una sustancia química del grupo de las endorfinas, que tiene un efecto similar al de la anfetamina, con el que la feniletilamina está relacionada. Al introducirse en la sangre, las endorfínas elevan el estado de ánimo, creando una energía positiva y sensaciones que van de la felicidad a la euforia. La feniletilamina también está naturalmente presente en el cuerpo humano. Se ha descubierto que los niveles de esta sustancia en el cerebro aumentan cuando uno experimenta ese estado que llamamos "enamorarse", que evidentemente tiene mucho que ver con lo que sentimos cuando le hincamos el diente a un buen chocolate.

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La cortesana francesa y famosa chocoadicta Madame du Barry, era consciente del efecto tan estimulante que el chocolate tenía entre sus amantes.

El anhelo y la adicción
Los amantes del chocolate harían bien en no confundir dos cosas tan distintas como el anhelo y la adicción. El anhelo es un deseo no satisfecho de una sustancia placentera, ya sea chocolate, una tostada con mantequilla o una copa de café. El anhelo lo provoca habi-tualmente el estrés, y la sustancia deseada hace desaparecer la tensión más efectivamente que cualquier otro medio por lo que puede mejorar el rendimiento de una persona al incrementar su capacidad de concentración y reducir su fatiga.
La adicción, en cambio, es el consumo habitual de una sustancia, alcohol o drogas, que se va convirtiendo cada vez menos efectiva para satisfacer una necesidad y que como consecuencia provoca la aparición de un desagradable síndrome de abstinencia cuando se intenta abandonar el consumo de la sustancia en cuestión. El chocolate no se puede incluir en la categoría de sustancia adicti-va, si bien se ha dicho que la presencia de glucosa desencadena un aumento en la producción de endorfinas - los opiáceos naturales del cuerpo-, que pueden desencadenar un ciclo de anhelos.

Los antojos femeninos y el chocolate
Las mujeres son grandes consumidoras de chocolate, y hay varios estudios que tratan de explicar las razones de ello Aunque muchas saborean el chocolate como una delicia sin sensación de culpabilidad o como un alimento energético, otras parecen casi obsesionadas por el chocolate Mientras preparaba su libro, publicado en 1995, Porqué necesitan las mujeres el chocolate, Debra Waterhouse llevó a cabo una encuesta que reveló lo que piensan las mujeres de este asunto
• el 97 %afirmó sentir algún tipo de antojo, y entre ellas el 68 % citaron al chocolate como una de las causas del mismo.
• el 50 por ciento elegiría el chocolate antes que el sexo.
• el 22 por ciento eran más propensas que los hombres a la hora de elegir el chocolate para elevar su estado de ánimo.
Los psiquiatras han sugerido que el mecanismo que regula los niveles corporales de feniletilamina pueden ser defectuosos en algunas mujeres. Ello podría explicar su tendencia a abusar del chocolate como consecuencia de un conflicto emocional -sería un modo instintivo de automedicación para compensar un desequilibrio en las sustancias químicas que controlan el estado de ánimo Waterhouse afirma que los alimentos que provocan anhelo se definen por las influencias culturales, los vínculos afectivos, los gustos y las costumbres, y factores biológicos, químicos y fisiológicos. En el caso del chocolate, el "prozac de las plantas", Waterhouse incluye entre sus componentes neurolépticos una sustancia llamada seratonina que contiene propiedades tranquilizantes. Aunque puede ser estadísticamente cierto que a las mujeres les gusta más el chocolate que a los hombres, también lo es que para ambos sexos, y para gentes de todas las edades, el chocolate puede representar muchas cosas Probablemente son muchas las mujeres que podrían citar a más de un hombre para quien el consumo de chocolate es más regular y compulsivo que el de ellas Lo que sí podemos decir es que la seducción que ejerce el chocolate, y su perenne atractivo, sigue siendo tan fuerte hoy como lo era para los príncipes y princesas mayas del siglo IV.