Chocolate

Menú de chocolate

El chocolate y la iglesia

 

La Iglesia desempeñó un importante papel, directa o indirectamente, en la temprana historia del chocolate. Las duras y cruentas guerras religiosas que enfrentaron a católicos y protestantes durante los siglos XVI y XVII fueron, en cierto modo, una de las causas de la aparición del chocolate y de su gradual difusión por toda Europa. Los jesuítas, activamente implicados en los conflictos religiosos y férreamente decididos a aumentar el poder de la Iglesia Católica, fueron una influyente fuerza política en Europa y América Latina. Puede afirmarse casi con toda certeza que fueron jesuítas misioneros, y no exploradores del Nuevo Mundo, los responsables de traer por primera vez el chocolate a España, Italia y Francia a través de una red internacional de conventos y monasterios. Fue también gracias a la presión de los misioneros jesuítas como los granos de cacao en crudo, sin procesar, empezaron a exportarse en barco a Europa. Antes de ello, los colonos españoles habían acaparado el monopolio de procesar los granos de cacao en América Latina, consiguiendo pingües beneficios gracias a ello. En Italia, las guerras religiosas tuvieron como consecuencia la celebración de enlaces entre miembros de las familias aristocráticas y los poderes gobernantes. Hasta su unificación en 1879, Italia fue un conglomerado de estados autónomos y se consideraba que estos matrimonios cimentaban las relaciones diplomáticas y consolidaban el poder colectivo de los estados. A los consortes de la aristocracia les gustaba llevarse a sus prometidas, a sus cocineros y sus comidas favoritas cuando se trasladaban de un estado a otro de Italia o de algún país extranjero y así el chocolate empezó a ser conocido en todas partes. Hasta el siglo XVIII, y tanto en Europa como en América Latina, el chocolate era preparado por frailes y monjas utilizando los métodos heredados de los aztecas. Thomas Gage, en su libro The English-American, His Travail by Sea and lana, o New Survey od the Westlndies (publicado en 1648), se refiere a las "iglesias conventuales" administradas por monjas y frailes. Según él, muchas de estas iglesias del Nuevo Mundo eran "ampliamente conocidas por su habilidad en la elaboración de diversas clases de bebidas propias de aquellas tierras, por ejemplo una llamada chocolate y otra llamada atolle. El chocolate, además, también se mete en cajas y es enviado no solamente a México sino que parte del que se produce allí es enviado anualmente a España". En el Nuevo Mundo, la Iglesia consideró el chocolate desde una perspectiva pragmática. Era muy popular entre monjas y frailes pues les ayudaba a resistir los largos períodos de ayuno a que se sometían, y de que era beneficioso para la salud. En el Viejo Mundo, sin embargo, se produjo alguna divergencia de opinión al respecto. Hubo un monje español, por ejemplo, que combatió la para él diabólica bebida, afirmando que sus propiedades reconstituyentes eran obra de espíritus malignos, pero no tuvo demasiada aceptación. En 1650 la Compañía de Jesús promulgó un edicto prohibiendo el consumo de chocolate a sus miembros, pero el cumplimiento del mismo no pudo llevarse a cabo, especialmente cuando muchos novicios empezaron a abandonar la orden como consecuencia del mismo.

El chocolate de Chiapas
Al parecer, uno de los enemigos más encarnizados del consumo de chocolate fue el obispo de Chiapas, pues la asistencia a sus misas se veía afectada por esa costumbre. Thomas Gage dice que las damas blancas de clase alta de Chiapas Real afirmaban "estar muy débiles y sufrir dolores de estómago, los cuales eran tan persistentes y molestos que les impedían continuar en la iglesia... a menos que pudieran tomar una taza de chocolate... Y se fue imponiendo la costumbre de hacer que sus doncellas les llevasen a la iglesia... una taza de chocolate, lo cual producía una gran confusión entre los asistentes, interrumpiendo tanto las misas como los sermones". El obispo colgó un aviso en el que se advertía que cualquiera que comiese o bebiese chocolate durante un acto religioso sería excomulgado. Pero las damas siguieron acudiendo a la iglesia con su chocolate; finalmente la situación explotó en un alboroto durante el que se amenazó con espadas a los sacerdotes que intentaban arrancar las tazas de chocolate de las manos de las doncellas de las damas. Dos mujeres se negron a asistir a los servicios religiosos del obispo y asistían a las misas de los conventos. El párroco del lugar advirtió al señor obispo de que si las mujeres "no podían satisfacer sus deseos, podrían tomarse venganza, a través del chocolate o de algún aparente donativo, que podría traer la muerte consigo. Entonces, el obispo enfermó y murió ocho días más tarde, tras una semana de horribles sufrimientos. Escribe Gage: "Su cabeza y su cara estaban hinchadas, su piel se cuarteaba y dejaba escapar una purulenta sustancia blanca que había invadido y corrompido todo su cuerpo". Corrió el rumor de que una dama noble "que tenía una relación demasiado amistosa con uno de los sirvientes del obispo" había persuadido al inocente joven para administrar una taza de chocolate envenenado a aquel hombre "que tan rigurosamente había prohibido el consumo de chocolate en la iglesia". Un proverbio popular en la región advierte desde entonces: "No te fíes del chocolate de Chiapas".

Estimulantes peligrosos
En el mismo momento en que el chocolate se ponía de moda en Europa, hubo un parecido crecimiento en el consumo de café, té, tabaco, ron y azúcar. Los europeos se estaban acostumbrando a consumir sustancias estimulantes. Excepto el azúcar, la Iglesia denunció los nuevos alimentos como potencialmente peligrosos. Pero hubo una cierta tolerancia en el consumo de chocolate.

chocolate

"Fraile bebiendo chocolate", de José M. Oropeza.